¿Por qué adentrarnos en el trauma? Ni une más.
- Pamela Ruiter -Feenstra

- 22 jul 2025
- 5 Min. de lectura
Hace cien años nació un alma hermosa.
Esta alma no fue inmune a la tristeza, pero aun así eligió la alegría.
Esta alma no fue inmune al dolor, pero aun así eligió la gracia.
Esta alma no fue inmune a la soledad, pero aun así eligió el amor.

El 21 de julio de 1925 nació mi querido amigo Lew Towler. Lew sirvió como Seabee durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando regresó a casa, gastó los 200 dólares que recibió al ser dado de baja en un boleto para la Ópera Lírica de Chicago y todavía le alcanzó para comprar un traje nuevo para asistir a la función. Lew sabía que la belleza es un antídoto necesario frente al sufrimiento y, para él, no había mayor belleza que la música. A lo largo de su vida, continuó tocando el piano y cantando himnos con un espíritu genuino y alegre.
Cuando Lew tenía más de 80 años, se puso en contacto conmigo y me preguntó si podía darle clases de órgano. Acordamos reunirnos los lunes a las 11 de la mañana y luego almorzar en un restaurante cercano de mariscos frescos, ya que a Lew le encantaban las ostras. Al final de cada lección, él elegía un himno que tocábamos y cantábamos juntos, creando momentos de gran conexión y alegría. Durante el almuerzo, me contaba historias increíbles de su vida, como cuando, siendo estudiante de la Universidad de Michigan después de la Segunda Guerra Mundial, lideró iniciativas estudiantiles para enviar paquetes de alimentos cada semana a personas en distintas zonas de Europa devastadas por la guerra.
Nuestra amistad se volvió cercana y llena de confianza, y pronto comenzamos a compartir historias de sufrimiento y dolor junto con nuestras historias de amor y humor. Fue un regalo poco común tener una amistad profunda con alguien que siempre escuchaba atentamente mis historias y siempre creía en mí, que sentía mi dolor y mi alegría como propios y me recordaba que merezco ser tratada con amor y respeto genuinos. Celebrábamos sus cumpleaños junto a sus tres maravillosas hijas y algunos amigos cercanos. Él celebraba mis viajes y presentaciones, así como mis roles como músico, profesora, madre y amiga.
Los lunes con Lew siempre me dejaban animada, como si pudiera salir adelante en el mundo porque alguien como él creía en mí y me quería sin juzgarme. Me ayudó a creer en mí misma. El último cumpleaños que pudimos celebrar juntos fue el número 98. Hablaba de llegar a los 100 años, que habría sido hoy. Al recordarlo, también pienso en la hermosa amistad y la comunidad de apoyo que habría perdido si no nos hubiéramos atrevido a ser vulnerables y a hablar tanto de los temas difíciles como de las alegrías de nuestras vidas. De hecho, las alegrías eran mucho más profundas y auténticas porque aliviaban el sufrimiento que ambos conocíamos y nombrábamos.
En Healing Bells a menudo nos preguntan por qué nos adentramos en el trauma. ¿No es demasiado difícil? ¿Por qué no elegir algo más ligero? La respuesta es sí, es difícil, pero lo que realmente destruye el alma es permanecer en silencio.
Como aprendimos la semana pasada de Audre Lorde y Sara Ahmed, el silencio es complicidad.
La complicidad corre el riesgo de herir a las personas en lugar de ayudarlas.
Como aprendí de Lew, creer en las personas y en sus historias de trauma es un paso esencial para romper el ciclo del sufrimiento.
Durante los últimos cinco años en Healing Bells, nos hemos acercado, hemos escuchado y hemos creído las historias de sobrevivientes de violencia sexual, doméstica y de género, así como de feminicidio. Hemos tenido el gran honor de entrar con ellas y ellos en un espacio sagrado, sagrado porque el lugar más vulnerable de nuestras historias es precisamente donde puede comenzar la sanación. Las y los sobrevivientes comprenden y creen a otras personas sobrevivientes de una manera que nadie más puede hacerlo. Dentro de una comunidad solidaria, podemos enfrentar juntas y juntos estas injusticias.

Nuestra comunidad de sobrevivientes decidió colaborar con artistas para contar conjuntamente sus historias a través de la música, el teatro, la danza y la poesía en un musical innovador que creamos en conjunto: Ni une más (Not One More). Algo milagroso puede suceder cuando las y los sobrevivientes se conectan, como cantamos en uno de los coros de Ni une más:
"Cuando sobrevivientes escuchan a sobrevivientes, sabemos que no estamos solos.
Cuando sobrevivientes comprenden a sobrevivientes, se siente como volver a casa.
A un hogar donde no hay drama y el trauma del pasado puede liberarse.
A un hogar en el que podemos confiar para recibir amor y paz."
© CHI Press, 2024.
Al igual que el deseo de Lew de ir a la ópera después de lo que vivió en la Segunda Guerra Mundial, nuestra producción Ni une más nos ayudó a transformar el dolor de nuestras historias en belleza expresada a través de la música, el teatro y la danza. A través de la participación en las artes, construimos una comunidad de apoyo, atravesamos etapas de sanación del trauma y aprendimos a valorarnos y cuidarnos. Para las personas sobrevivientes de trauma, este camino de sanación puede prevenir problemas de salud en el futuro y fortalecer la estabilidad en las relaciones, el trabajo y la vida económica.
¿Es difícil adentrarse en el trauma? Absolutamente. Los aspectos más significativos de la vida requieren un gran esfuerzo: desarrollar habilidades como artista o atleta, docente, personal administrativo, enfermera o enfermero, trabajador o trabajadora social, ingeniera o ingeniero, personal de servicios de alimentos o abogada o abogado; cultivar relaciones sanas, mantenerse físicamente activo, reconocer los problemas y enfrentarlos. Sin embargo, afrontar juntos los desafíos profundos crea amistades mucho más sólidas que mantener todo en la superficie.
Existe la idea equivocada de que hablar del trauma es algo negativo. En realidad, hablar del trauma es necesario para encontrar un camino de sanación. En cambio, fingir que el trauma no existe es una elección profundamente negativa, aislante y deshumanizante. Negarlo solo empeora sus efectos. Enfrentar el trauma dentro de una comunidad solidaria y mediante el poder sanador de la participación artística resulta profundamente liberador y auténtico.
Nuestro equipo de Ni une más decidió que, sin importar cuántas veces hayamos sido silenciadas y silenciados o rechazadas y rechazados, construiremos una comunidad de apoyo formada por personas que se atreven a adentrarse en el trauma, alzar la voz y, por lo tanto, atreverse a ser vulnerables y sanar. Juntas y juntos seguimos avanzando para crear un mundo en el que otras personas no tengan que sufrir estas mismas injusticias.
Nuestra respuesta a la pregunta: "¿Por qué adentrarnos en el trauma?"
Simplemente no podemos dejar de enfrentar las injusticias del mundo.
No podemos permanecer en silencio.
Hay demasiado en juego.
Y nunca conoceríamos la alegría de amistades profundas y genuinas como la mía con Lew, comunidades solidarias como el equipo de Ni une más, ni el poder transformador de las artes para elevarnos, ofreciéndonos belleza y sanación.
El místico y poeta sufí Rumi (1207 a 1273) escribió un diálogo que resume por qué en Healing Bells nos adentramos en temas difíciles.
"Pregunté: ¿Y mis ojos?
Respondió: Mantenlos en el camino.
Pregunté: ¿Y mi pasión?
Respondió: Mantenla encendida.
Pregunté: ¿Y mi corazón?
Respondió: Dime qué guardas en él.
Dije: Dolor y tristeza.
Respondió: Permanece ahí. La herida es el lugar por donde entra la luz."
Si evitamos acercarnos a las problemáticas sociales y al sufrimiento, quizá logremos no ver las heridas del mundo. Pero el costo de esa evasión es enorme: el sufrimiento solo crecerá y perderemos la oportunidad de ver y sentir cómo la luz llega a nosotros, lista para conectarnos y sanarnos.
En el blog de la próxima semana, nuestra talentosa diseñadora de redes sociales, Yurani Cubillos, nos contará cómo encontró luz en medio del duelo al invitar a una comunidad a compartir pequeños momentos de alegría.





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