Cómo tratar a una persona sobreviviente con respeto y compasión. Cómo las víctimas quieren y merecen ser tratadas?
- Alexandra Ruiz Costas
- Jul 18
- 3 min read
En Puerto Rico, tres de cada cuatro víctimas sufren acecho por una persona conocida. El 87% de las víctimas puede identificar a quien le acecha. Las mujeres tienen 3 veces más probabilidad de ser víctimas de acecho que los hombres. 78% de las víctimas son mujeres. 74% de las víctimas están entre las edades de 18 a 39 años. (Estadísticas de Coordinadora Paz para las Mujeres, Inc. -Coalición Puertorriqueňa contra la Violencia Doméstica y la Agresión Sexual).

Andrea fue víctima de feminicidio. Pero antes de eso, fue víctima de acecho. Y también sufrió mucho durante el proceso que vivió entre el acoso y su asesinato. Sabiendo cómo Andrea fue tratada durante su proceso, del que hablé en la primera parte de la serie, El costo de ser una víctima, ahora comprendo hasta qué punto la re-victimización es parte del proceso de pedir ayuda y conseguir que el sistema la proporcione. Con el paso del tiempo, muchas sobrevivientes se han acercado a mí expresando esa misma sensación de re-victimización.

Cuando las víctimas intentan recuperar sus vidas, pueden encontrarse con falta de compasión o de empatía. Su necesidad de ayuda no siempre es inmediatamente reconocida. En ciertos casos, se le resta urgencia a la importancia de brindarles un espacio seguro, tanto físico como emocional. Durante este difícil proceso, todas las víctimas merecen ser tratadas con empatía y compasión, y merecen ser protegidas y respetadas.

Además, hay muchas personas que, aun sintiendo empatía, expresan sus opiniones y emociones de una manera poco respetuosa y desconsiderada, lo cual resulta ser muy hiriente para los afectados por el trauma. Siento una necesidad apremiante de hablar sobre esto, para tratar que, como sociedad, seamos más conscientes.
He tenido experiencias donde los acercamientos que me han hecho personas y medios de comunicación se han realizado con mucha sensibilidad y con mucha consideración. Sin embargo, han habido otras ocasiones en las que el trato recibido me ha lastimado y en cierto modo re-victimizado (preguntas fuera de lugar, presencia de “profesionales” para analizar mis expresiones sin previo aviso, o cuando mientras participo de una entrevista en vivo, pasan visuales de la escena levantando el cuerpo de Andrea o fotos de ella junto a su asesino). Después de 5 años, todavía sucede, lo que sigue desencadenando en mi cuerpo y en mi cerebro una respuesta traumática que puede llegar a durar semanas. Y cuando ocurre otro feminicidio, siento una profunda empatía por las familias que sobreviven a la víctima, y por todo lo que verán en las redes sociales, en las noticias y cuando les toque acudir a los tribunales.
Entiendo que puede ser difícil comprender algo que no nos ha sucedido personalmente. Por eso ayuda mucho aprender sobre las respuestas al trauma (ver los blogs de Pamela sobre las 5 Respuestas Físicas al Trauma del July 3 y July 11) y sobre cómo seguir un enfoque sensible con los sobrevivientes (ver, por ejemplo, mi blog sobre la sanación a través de la participación en las artes, el blog de Kay Hanna-DeLuca que habla de lo que nos enseñan las abejas sobre vivir en comunidad what honeybees teach us about community, y el blog de Pamela sobre el modelo de trato respetuoso en La Perspectiva Negra).
Hay sobrevivientes de trauma por todas partes, independientemente de si conocemos sus historias o no. La falta de respeto no se manifiesta únicamente al alzar la voz a alguien o mediante insultos. Por definición, “la falta de respeto es una ausencia de cortesía, consideración o la estima debida. Implica tratar a una persona —o sus límites y sentimientos— como si valiera menos de lo que merece” (Diccionario Merriam-Webster). Según estos ejemplos y dicha definición, resulta evidente que la línea divisoria entre expresar opiniones y mantener conversaciones respetuosas se sigue cruzando con demasiada frecuencia.

Debemos reconocer cuán vulnerable puede llegar a ser una persona en ciertos momentos, especialmente cuando hay un trauma de por medio. Vamos a servir de acompañamiento con el corazón abierto. Convirtámonos en un “espacio seguro” para quienes están sobrellevando un trauma. Y no olvidemos que, incluso en el caso de las víctimas de feminicidio, sus familias y amistades cercanas siguen leyendo y escuchando lo que se escribe, se muestra y se publica. Aun después de la muerte, demasiadas víctimas de feminicidio continúan siendo juzgadas y señaladas. Si queremos ser mejores seres humanos, debemos empezar a mostrar consideración hacia las personas que atraviesan momentos difíciles. Construyamos esa conciencia colectiva. Impidamos que el dolor se propague. Dejemos de culpar y avergonzar a los demás. Y comencemos a sanar juntos.




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