El miedo no tiene derecho a mantenerte pequeño
- Yurani Cubillos

- May 21
- 3 min read

El miedo tiene una manera de detenernos a mitad de la respiración. Nos congela en el lugar, nos hace más pequeños, más silenciosos. Y a veces, si se lo permitimos, nos roba tiempo sin que ni siquiera nos demos cuenta.
Despertamos un día y nos damos cuenta de que días, meses, años han pasado en ese estado paralizado. Subimos a la superficie para respirar y no nos reconocemos.
Aquí está lo que sé al hablar con mujeres todos los días: el miedo es universal, pero no es la fuerza más fuerte.
No siempre tuvimos miedo.
Recuerda quién eras antes de que el mundo te dijera que necesitabas cambiar. Antes de que aprendieras a encajar en un molde para ser aceptada, para ser amada, para tener éxito. Esa versión de ti, la sin filtro, la sin miedo, sigue ahí. Y vale la pena luchar por ella.
El miedo nos rodea constantemente. Está en los mensajes que absorbimos, en los entornos en los que sobrevivimos, en las voces que nos dijeron que no éramos suficientes. Para algunas de nosotras, el miedo es todo lo que hemos conocido. Crecimos en espacios donde el control y la ansiedad eran la configuración predeterminada. Y si ese eres tú, quiero que sepas: no es tu culpa que el miedo se sienta como hogar.
Pero no tiene que ser tu futuro.
El amor, la alegría y la comunidad se hacen presentes.
Cuando miro a las personas que se han movido a través de su miedo, no alejándose de él, sino atravesándolo, veo una cosa en común: no lo hicieron solos. Alguien creyó en ellos primero. Un amigo que se presentó. Un terapeuta que escuchó. Una comunidad que dijo: "yo también". El amor y la alegría no son la ausencia de miedo; son la prueba de que el miedo no tiene la última palabra.
Hazlo asustado de todas formas.
La cosa más valiente que puedes hacer es la cosa que te aterroriza. Cuénta tu historia. Haz la oferta. Inicia el podcast. Publica el trabajo. Di la cosa que tienes miedo de decir. Prueba algo nuevo. No estoy diciendo que sea fácil, especialmente si has pasado años en un entorno donde el miedo fue arma contra ti. Desaprender requiere tiempo. Requiere gentileza contigo misma.
Pero aquí está lo que es más poderoso que tu miedo: tu voz. Tu elección. Tú a permanecer pequeño.
En este mes de conciencia sobre la salud mental. Esto importa.
Las historias que nos contamos a nosotros mismos y las historias que nos contamos mutuamente tienen un poder inmenso. Cuando te sientas y tengas una conversación real con alguien, cuando escribas algo verdadero, cuando te presentes como eres en lugar de la versión que el miedo quiere que seas: le das permiso a otra persona para hacer lo mismo.
No solo te estás sanando a ti misma. Estás modelando cómo se ve moverse con el miedo, danzar con él, decidir que tú estás a cargo de tu vida. No el miedo. No el mundo. Tú.
Nos estamos eligiendo a nosotros mismos. Estamos regresando a nosotros mismos. Verdaderamente lo estamos haciendo.
Entonces esta semana, haz una cosa que te asuste. Cuéntale tu verdad a alguien. Escucha la de otra persona.

Cuando digo "hazlo asustado", estoy hablando de la incomodidad del crecimiento, del nerviosismo de compartir tu historia, de la vulnerabilidad de pedir ayuda, de la incertidumbre de probar algo nuevo. Estos son los sentimientos de miedo que viven en tu cuerpo cuando te estás adentrando en la autenticidad, no las señales de advertencia que tu sistema nervioso envía cuando estás en peligro real.
Si estás en una situación insegura o tu cuerpo te dice que te protejas, escúchalo. El valor no se trata de ignorar respuestas traumáticas o presionar a través del peligro legítimo. Se trata de distinguir entre el miedo que te mantiene pequeña y el miedo que te mantiene segura. Ambos merecen respeto. Uno merece ser atravesado; el otro merece apoyo y ayuda profesional.



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